El efecto de libertad que generó la Independencia le daría a Valparaíso el impulso central para convertirse en la segunda ciudad de Chile y su metrópoli comercial. Se incrementó la llegada de buques cargados de mercancías británicas así como la de comerciantes de distintas latitudes que se establecieron aquí e inauguraron industrias y firmas importantes. Los recién llegados se percataban con cierto desengaño de la pobreza general que presentaba el puerto en ese entonces.
Lavanderas en conventillo hacia 1900
Autor: Harry Olds. Archivo El Mercurio de Valparaíso.
A mediados del siglo XIX la población había sufrido un aumento notable. Ya había miles de habitantes que vivían en chozas construidas en las laderas y quebradas de los cerros, los que conformarían la enorme masa de trabajadores portuarios y que prestarían los servicios domésticos a las familias del alto comercio. Así se fue generando una sociedad desde un inicio fragmentada entre la miseria y la prosperidad.
Ferrocarril urbano hacia 1900
Autor: Harry Olds. Archivo El Mercurio de Valparaíso.
No obstante el crecimiento de la población, la prosperidad comercial y el florecer de la cultura luego de la Independencia, la situación urbana de Valparaíso no se condecía con este nivel de desarrollo y la ciudad tardaría varios decenios para evolucionar a una infraestructura urbana básica.
Panorámica De la Bahia y
Dique hacia fines del siglo XIX.
Autor: Harry Olds.
Archivo El Mercurio de Valparaiso.
En la década de los 30 se sucedieron tres importantes obras: el Muelle, el Palacio de la Aduana y la Nueva Iglesia La Matriz. Hacia el 1834 existía una única calle principal adoquinada y la mayoría del actual plan de la ciudad carecía de aceras y contaba con un primitivo sistema de alumbrado público. Sin embargo los vecinos imbuidos de un espíritu emprendedor ejecutaron las obras públicas más importantes, que para la segunda mitad del siglo cambiarían el carácter de la ciudad: se adoquinaron algunas calles y se implementó el servicio de alumbrado público, se construyó el primer sistema de transporte en tranvías de tracción animal y se dio solución al grave problema sanitario de las redes de alcantarillado.
Calle Condell hacia 1936.
Autor: Desconocido.
Propiedad de Samuel León.
No obstante la dificultad en la concreción de las obras urbanas más importantes, Valparaíso inauguró en el país una serie de adelantos en infraestructura, como el ferrocarril que lo unía con Santiago en 1863 y en tecnología, con la instalación de modernos enclaves industriales.
El auge minero del salitre le daría predominio a la Banca Porteña y enriquecería a nuevos emprendedores quienes invertían su fortuna en edificaciones palaciegas que quedaron ancladas en el puerto como el legado de su prosperidad. Un ejemplo emblemático de éstas es el Palacio Baburriza.
Plaza Victoria fines del siglo XIX
Autor: Harry Olds. Archivo El Mercurio de Valparaíso.
Destacados intendentes contribuyeron también en la última mitad del siglo XIX a dar un gran empuje al hermoseamiento de los espacios públicos y la mejoría de los servicios de la ciudad. Así Valparaíso siguió su curso de éxitos poniéndose a la vanguardia del desarrollo del país hasta convertirse en el más importante puerto del Pacífico occidental.
Parece que la ciudad nunca hubiese desaprovechado la oportunidad de renovación después de sus periódicos terremotos. Sus progresistas habitantes y autoridades los erigían como impulsores del cíclico auge renovador de la arquitectura porteña.
Luego del terremoto de 1822 la ciudad innovó su arquitectura y se impusieron nuevas tecnologías constructivas. Las más importantes tradiciones arquitectónicas centroeuropeas se concretaron en la vivienda urbana provenientes de la Tudor Inglesa, la Fachwerkhaus alemana y las tendencias emergentes como el Ballon Frame estadounidense, que llegaron hacia 1860.
Una nueva ola de construcciones se dio nuevamente luego del terremoto de 1906, oportunidad en que se erigieron importantes obras modernas y ya menos academicistas, como la Universidad Católica, el Banco de Londres y la Bolsa de Valores.
Autor: Rodrigo Gómez.
Hay dos protagonistas de la arquitectura tradicional porteña: las generaciones de ingenieros navales y de arquitectos, nuevos profesionales inmigrantes que respondieron con ingenio a las particularidades de la topografía porteña.
La improvisación de la arquitectura sin autor de los cerros fue practicada por los sectores más populares y expresa la astucia del uso de quebradas y laderas ocupadas por caseríos anclados sobre palafitos, y más tarde, por conventillos.