Sobre los primeros habitantes de la Isla, los expertos concluyen que fueron olas migratorias terrestres provenientes del sur hace unos 8.000 años a.C.
Entre las primeras etnias conocidas que habitaron el archipiélago se encuentran los chonos y los huilliches. Los primeros eran nómades y con importantes aptitudes acuáticas que al entrar en contacto con los huilliches (gente del sur), indígenas sedentarios que habitaban entre los ríos Toltén y el seno de Reloncaví, adoptaron el manejo de la agricultura y traspasaron a éstos últimos sus costumbres marineras.
Esta convivencia duró hasta que comenzó el proceso de conquista del continente tras el descubrimiento de América en 1492, llevándose a cabo la primera expedición a la isla en 1553 al mando de Francisco de Ulloa aunque será 5 años después, en 1558, que Juan Fernández tomará contacto real con los indígenas seguido por la comitiva de García Hurtado de Mendoza quien se encargó de tomar posesión efectiva de la Isla para la Corona.
El proceso de conquista se inició inmediatamente y en 1567 se fundó la primera ciudad: Castro. En un comienzo se bautizó a la Isla con el nombre de Nueva Galicia pero la denominación no tuvo éxito y se mantuvo la voz huilliche “chillwe”, que luego se españolizó a “chillhue” y después se simplificó quedando como “Chiloé”.
Luego, y posterior al conocido Desastre de Curalaba en 1598 donde los indígenas se levantaron en armas contra la dominación española, la isla de Chiloé quedó aislada ya que toda la zona continental austral tras el río Bío Bío había sido destruida y abandonada.
La situación en la isla era precaria y se vivía en constante incertidumbre debido al peligro dado por el contexto bélico. Sólo en 1767 el rey ordenó que se emprendiesen las acciones necesarias para defender la isla, traduciéndose esto en el nombramiento de un nuevo gobernador, el capitán Carlos de Beranger y Renaud, quien levantó el fuerte y villa real de San Carlos de Chiloé que actualmente comprende a la ciudad de Ancud. Posteriormente, en 1784, se creó la intendencia de Chiloé dependiente de Lima y no de la Capitanía General de Chile.
En tiempos de conquista, quienes se habían encargado de la labor social, a través de la evangelización, habían sido los jesuitas instaurando un nuevo sistema acorde a las condiciones de la zona. El modelo se llamó “misión circular” y consistía en la creación de capillas que se visitaban en aproximadamente 8 meses de viaje en dalca (bote utilizado por los chonos) o a pie alrededor de toda la isla con el objetivo de no descuidar a la población evangelizada. Los padres estaban 3 a 5 días en cada lugar y el resto del año la función religiosa era delegada al “fiscal”, nativo educado por la orden para cumplir las tareas de un misionero en ausencia de éste.
En 1767 los jesuitas fueron expulsados del reino y los franciscanos asumieron la evangelización a partir de 1771 utilizando el mismo método de misión circulante aunque con menos éxito.
En los albores de la independencia de Chile, la isla participó a favor de las tropas realistas y, tras vencer en varias oportunidades a los patriotas, entraron victoriosos, en 1814, con su ejército a Santiago. De hecho no fue hasta las batallas de Pudeto y Bellavista (1826) donde los chilenos derrotaron a los chilotas, que la isla se mantuvo fiel a la monarquía. Luego, en 1846, la firma del tratado de Tantauco concretizó la anexión del archipiélago a la República de Chile.
Al final, aunque después de la derrota de los chilotes, se vivieron tensiones en la isla, la independencia trajo al pueblo una inusual y atractiva apertura económica representada en nuevas rutas y productos comerciales. Esto generó un importante crecimiento urbano y también gatilló un proceso de migración positiva que ayudó al poblamiento y desarrollo de la isla. Por otro lado, gracias a la construcción del ferrocarril en 1912, de la costa se pasó a habitar el interior y a hacerlo productivo lo cual incitó un progreso social, económico y cultural.
Actualmente Chiloé se ha desarrollado de acuerdo al modelo nacional de crecimiento económico y ello ha traído diversas transformaciones en la forma de vida de su gente. No obstante, la esencia chilota, su riqueza cultural y diversas tradiciones únicas en el país, han perdurado y son las que hoy atraen al viajero y encantan a miles de turistas que año a año visitan la provincia.
Dirección: María Luisa Santander #537. Santiago, Chile - Teléfono: (56-2) 894 72 98 - Mail: contacto@turismochile.cl