Uno de los principales atractivos del archipiélago de Chiloé además de su innegable belleza natural, es la tradición cultural que ha ido construyendo su gente a lo largo de los años. Esta se caracteriza sobre todo por una armonía entre la influencia indígena e hispánica y su particularidad se debe, entre otras cosas, a su morfología insular.
A continuación le entregamos un pequeño resumen con los aspectos culturales más relevantes de la isla, cuyo conocimiento le permitirá comprender en profundidad la personalidad de los chilotes y la realidad íntima de la sociedad de Chiloé.
El primer contacto con la religión, en la isla, fue gracias a la espiritualidad indígena de chonos y huilliches que luego, tras la conquista, fueron cediendo terreno al catolicismo traído por mercedarios y franciscanos. No obstante esta importante presencia, la evangelización propiamente tal comenzó en 1608 con la labor de la orden jesuita y su proyecto: la “misión circular”.
Este método particular consistía en llevar la fe católica a todos los rincones del archipiélago y para cuidar que esto sucediera y perdurara, los sacerdotes crearon en cada sitio pequeñas parroquias e instruyeron a algunos nativos, conocidos como “fiscales”, para que continuasen la evangelización de la población en ausencia de ellos.
Así, los jesuitas recorrían, por período de 8 a 10 meses, toda la isla cuidando la buena comprensión de la fe. Para el éxito de su misión se valieron de al menos dos elementos esenciales: evangelización en la lengua local de los pueblos y tolerancia a ciertas creencias y ritos nativos.
Lo anterior incidió en que al ser expulsada la orden jesuita en 1797 y reemplazada por los franciscanos, aunque éstos continuaron con el método de la misión circular, no lograron mantener la confianza de los indígenas. Posteriormente, cuando Chiloé ya formaba parte de la República de Chile, la institución eclesiástica, más conservadora, comenzó a prohibir los ritos y cultos nativos y a perseguir expresiones tan naturales como las rogativas y nguillatunes.
Pese a esto el sincretismo se mantuvo y la mezcla entre catolicismo y religión indígena siguió dándose, prueba de ello es la interesante manifestación espiritual de la isla que se representa en una cotidianeidad envuelta por lo religioso y la extendida presencia de las fiestas patronales donde se expresa claramente la imaginería chilota.
Las iglesias son otra expresión concreta del fervor religioso de la isla y también de una riqueza arquitectónica inigualable. Para un informe detallado de éstas siga el vínculo a nuestra sección de Iglesias de Chiloé.
Una de las características más sobresalientes de Chiloé es su arquitectura, la que se relaciona principalmente a la madera, por ser el elemento básico en las construcciones chilotas, y al mar, por la evidente influencia de éste. Además, la arquitectura expresa concretamente la simbiosis entre los elementos indígenas propios de la isla y el aporte europeo tanto de hispanos, al inicio de la Conquista, como de alemanes, en la segunda mitad del siglo XIX.
Entre los elementos más sobresalientes y expresiones típicas de la arquitectura de la isla, encontramos los palafitos, las tejuelas y las iglesias.
Los palafitos, construcciones sobre pilares de madera en el agua, aunque no son originarios de Chiloé probaron ser la mejor solución para, en plena expansión comercial en el siglo XIX, aprovechar de mejor manera la ribera. Esto produjo que localidades como Ancud, Quemchi, Castro, Chonchi y otros puertos, adoptaran esta particular forma habitacional que les permitía, por un lado, tener un acceso rápido al mar y por otro, en la parte superior de la vivienda, cultivar la tierra o criar animales.
Un detalle característico propio de los palafitos chilotes y en general de todas las construcciones y edificios en la isla, es la presencia de balcones y miradores que sobresalen de la fachada para romper el volumen. Lamentablemente, hoy en día sólo es posible apreciarlos en la ciudad de Castro, ya que el resto han sido destruidos por el tiempo o la inclemente naturaleza.
Las tejuelas, escasamente cotizadas en la Colonia, comienzan a usarse en Chiloé gracias a la influencia de los alemanes quienes la ocupaban para hermosear sus casas. La tejuela es de madera de alerce, delgada, angosta y larga y en la construcción, se montan una sobre otra para evitar el paso de la lluvia.
Las iglesias de Chiloé son ampliamente conocidas debido a su importancia histórico-cultura. Desde el punto de vista arquitectónico, aunque hay variaciones según zona geográfica o año de construcción, casi todas las iglesias siguen una estructura común de forma rectangular con un techo a dos aguas, una fachada ubicada normalmente al lado este y frente a ella una explanada para las procesiones, además de un pórtico con arcos falsos, donde se ubica el lugar que ocupaba el coro, y una torre hexagonal que contiene la campana. El interior tiene tres naves separadas por corridas de pilares donde, usualmente, la nave central tiene el techo cóncavo emulando el fondo de un bote.
Así, aunque el modelo de construcción arquitectónica sea extranjero, debido a la presencia de misioneros alemanes en Chiloé, y se haya transformado en el tiempo, los materiales y la decoración, son típicos de la isla y más propia aún es la forma de habitar y vivir la iglesia misma; puro reflejo de la espiritualidad chilota.
La comida dice mucho sobre los pueblos y en Chiloé se ha dado un fenómeno particular que tiene relación con el autoconsumo de los productos, es decir, en Chiloé lo que se produce se consume en la misma isla, razón que ha permitido conservar la riqueza de la gastronomía año tras año.
Entre los elementos más característicos de la cocina chilota destaca la papa, pudiendo encontrar más de 400 variedades diferentes de este tubérculo, las variedades de manzanas que, muy dulces o muy ácidas, se usan para hacer chicha de manzana, empanadas o mermelada, los pescados y mariscos propios del mar interior y la carne de vacuno, cerdo y cordero, animales que se crían naturalmente en el campo insular.
Entre los platos más característicos se encuentran:
Curanto: originalmente se hace en un hoyo en la tierra donde se ponen piedras calientes y luego una serie de mariscos (cholgas, almejas, choritos, picorocos) y carnes (longanizas, pollo, chancho ahumado) previamente aliñadas. Después se colocan las papas, milcaos y chapaleles (preparaciones típicas de la isla) y finalmente se cubre todo con hojas de nalca cubiertas de pedazos de tierra con pasto. Así, los alimentos se cuecen al vapor por cerca de 1 o 2 horas.
Actualmente también es posible degustar el “Pulmay”, nombre con que se conoce al curanto preparado en olla.
Chapaleles: Masa hecha de harina cruda que se cuece en agua en forma de sopaipilla cuadrada. Cuando se usa en el curanto lleva, además de la harina, una parte de papas.
Milcaos: masa formada por la mezcla de papas ralladas, previamente estrujadas y secadas, con una cantidad de papas cocidas y molidas, a la cual se le agrega sal y manteca. Se fríen o se cocinan en el curanto, al horno o en el agua y generalmente contienen chicharrones de chancho.
Parte fundamental de la cultura de un pueblo es la mitología pues a través de ella se puede comprender y explicar el comportamiento social de un pueblo.
Chiloé tiene una rica tradición de leyendas, historias y creencias que mezclan las raíces indígenas con las nuevas ideas y concepciones traídas por los europeos.
Cientos de seres fantásticos componen el olimpo chilota, su mayoría están representados por seres zoomórficos, acuáticos o terrestres, con capacidades sobrenaturales.
Entre los personajes más importantes de la mitología chilota se encuentra el Trauco, pequeño adefesio enemistado con los hombres pero enamorado de sus mujeres, sobre todo de las vírgenes. Se dice de él que a pesar de su desagradable apariencia, encanta a las doncellas, situación que ha llevado a que muchos embarazos y deslices se justifiquen bajo al responsabilidad de este extrañísimo ser. La contraparte del Trauco es la Fiura, mujer fea y de baja estatura, que seduce a los hombres, preferentemente jóvenes, quienes atribuyen a su aliento maligno, las enfermedades venéreas que se les presentan.
La Pincoya, en cambio, es una mujer bella y personifica la fertilidad de la fauna marina. Vive, junto al Pincoy, su esposo, en constante alegría. Los pescadores cuentan que cuando ambos están de fiesta, él canta armónicamente y ella baila mirando el mar, lo cual, según creencia popular, llenaría las aguas de peces. Por el contrario, si su danza mira al cerro las costas estarán vacías.
Entre las leyendas más populares de la isla figura El Caleuche, barco fantasma usado por los brujos para ir de un sitio a otro. Por tan curiosos dueños, el barco tiene propiedades inimaginables como ser capaz de sortear peligrosas tormentas, navegar a alta velocidad y convertirse en otros elementos. Según cuenta la historia de esta curiosa embarcación, casi todos sus tripulantes son incautos pescadores que quedan prendados de sus encantadoras melodías.
También ha sido muy difundido en la isla el mito de Tentenvilú y Caicaivilú, cuyo origen mapuche intenta explicar la conformación geográfica de Chile.
Según este mito, Tenten y Caicai son los hijos de los pillanes Antu y Peripillán, respectivamente. Estos niños fueron convertidos en serpientes y desde siempre han estado en conflicto. Tenten maneja la tierra y ayuda al ser humano y Caicai cuida el mar.
Un día Caicai despertó de su largo sueño y enfurecido con los hombres por ser tan poco agradecidos, comenzó a azotar su cola de pez en el agua, situación que inició un gran cataclismo y terminó inundando todo el territorio. Tenten, amiga de los hombres decidió ayudarlos y comenzó la titánica tarea de salvar a algunos, llevándolos a los cerros, y a otros los convirtió en aves, peces y otras criaturas.
La lucha siguió durante mucho tiempo, hasta que ambas serpientes se cansaron de pelear y si bien Tenten obtuvo una victoria parcial pues el agua no logró inundar la tierra, igualmente ésta nunca volvería a su nivel natural, formándose así la actual geografía de Chile.
Según la tradición mapuche, Tenten continúa manifestándose mediante los temblores, terremotos y erupciones volcánicas, mientras que Caicai causa los maremotos cuando se revuelve en medio de su sueño.
Para más información visite nuestro reportaje sobre mitos y leyendas de Chiloé.
La isla de Chiloé es un lugar lleno de tradiciones y costumbres provenientes de años atrás y que aún la modernidad no ha logrado desterrar. De alguna manera son estas actitudes o acciones las que atraen al turista pues simbolizan toda la riqueza social y cultural de los chilotes.
Entre las actividades comunitarias la más conocida es la Minga. Este sistema se utilizaba principalmente en faenas agrícolas y consistía en que alguna familia pedía ayuda a sus vecinos para realizar las tareas en el campo y así, colectivamente, se llevaba a cabo la tarea.
Sin embargo, la forma de minga más popular es la del cambio de casa. Usualmente, cuando una familia se quiere cambiar de barrio o de isla, se traslada con casa y todo para el otro lugar. Se utilizan bueyes para mover la casa y si deben atravesar el mar el mismo inmueble, por ser de madera, hace las veces de balsa. En este proceso de gran trabajo colabora toda la comunidad.
Otra actividad presente hasta hoy en Chiloé es la Maja que consiste en moler manzanas hasta extraer la mayor cantidad de zumo para luego elaborar la exquisita y tradicional chicha de manzana. Es una faena que por el esfuerzo que implica se hace siempre trabajando en equipo.
No obstante, actualmente ha dejado de practicarse la agricultura lo cual ha derivado en un abandono paulatino de las costumbres asociadas a la tierra como la minga o la cosechadura de trigo.
Chiloé es un paraíso de artesanías y artesanos pues su belleza y variedad, especialmente en tejidos y cestería, atraen no sólo a los turistas extranjeros sino también a los nacionales y a los mismos chilotes.
Entre los productos tejidos podemos encontrar gorros, calcetines, chalecos y abrigos hechos a mano en lana de oveja natural o teñida.
Para confeccionar frazadas, mantas, chales o ponchos se utiliza el “quelgo” o telar chilote cuya particularidad es que va pegado al suelo y la lana se trabaja de manera horizontal. Es una técnica difícil de manejar pues hay que tejer arrodillado.
En la cestería destacan distintos objetos como canastos, mallas o figuras decorativas hechas con fibras vegetales como ñocha, coirón, junquillo y quiscal.
También se construyen artefactos de mayor tamaño como chimeneas, braseros y hornos, todos elaborados en cancagua, roca metamórfica típica de Chiloé cuya relativa dureza permite trabajarla usando herramientas manuales.
La música y el baile son creaciones humanas que caracterizan muy bien la personalidad de un pueblo y el carácter de una sociedad. Chiloé, por su parte, es una de las regiones más ricas en cuanto a manifestaciones artísticas de este tipo debido a su originalidad y vasta producción de piezas e instrumentos musicales.
Entre los bailes más conocidos, y propios de Chiloé, encontramos la Samba Refalosa, cuyo auge se dio ha mediados del siglo XIX en Buenos Aires, Lima y Santiago de Chile, expandiéndose después a Chiloé; la Cueca chilota que aunque es similar a la cuca tradicional que se baila en el resto del país, los pasos y el zapateo son diferentes; la trastasera, danza simple que se puede bailar tanto en pareja como en grupo y que es de origen chilote.
Entre los instrumentos musicales más difundidos en la isla encontramos el rabel, pequeño violín hecho con madera de alerce y avellano, el bombo chilote similar al bombo nortino pero más pequeño y con una caja de resonancia hecha de latón; y la matraca instrumento compuesto de un tablero y una o más aldabas que al sacudirlo produce un sonido especial. Se usa en diferentes fiestas y celebraciones religiosas.
Dirección: María Luisa Santander #537. Santiago, Chile - Teléfono: (56-2) 894 72 98 - Mail: contacto@turismochile.cl